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Especial Bon vivant: Café y Té- Revista Luz

publicado a la‎(s)‎ 15/10/2010 12:07 por Asociacion Argentina de Cafes Especiales   [ actualizado el 15/10/2010 12:10 ]
 
Especial Bon vivant: Café y te
 Blends: la divina proporción 
 Expresión bebible de una cultura milenaria, no cesa de transformarse. Las tiendas y las casas de té son un boom en las urbes modernas, desde Nueva York a Buenos Aires. Lo que hay que saber para no quedar afuera de la tendencia.

 
 

La génesis del té se originó, accidentalmente, en China, cerca de 2700 a.C. Cuenta la leyenda que el emperador Shen Nung, un erudito que insistía con que toda agua potable debía hervirse por cuestiones de higiene, tomó un descanso, junto a su corte, bajo un árbol. El viento sopló y las hojas de aquel coloso de pie desplomaron sus aromas y sabores sobre el agua hirviente que preparaban los sirvientes. Curioso, Sheng Nung probó el brebaje de exquisito olor y, de inmediato, ordenó a sus cortesanos que encargaran extender las plantaciones de aquel árbol. De allí en más, el té llegó para quedarse. Trajo consigo un bagaje construido durante miles de años, colmado de historias y batallas, rico en tradiciones, hoy actualizado (y aromatizado) según los cánones del buen gusto, calidad y salud. En Buenos Aires, como en París y Nueva York, proliferan las tiendas que lo venden en hebras combinadas en exquisitos blends, con perfumes y especias. Y sus propiedades nutricionales (aporte de vitaminas, efectos diuréticos y acción antioxidante, entre otras) lo convierten en la bebida elegida por los seguidores de la vida sana, de paladar exigente. 
Darjeeling, Lapsang sauchong, Mantcha, Sencha, Oolong, Pu Erh, son algunos de los nombres que recibe de acuerdo a sus características o procedencia, aunque proviene de una única planta, la Camellia sinensis, cuya preciada hoja adquiere formas diversas según las condiciones de altura, suelo y clima en las que se desarrolla. Una vez recolectada, las técnicas de procesamiento dan lugar a los tés puros que hoy conocemos: negro (fermentado); rojo (semifermentado) y verde (sin fermentación), de gusto ligeramente amargo. Pero el caviar de la especie es el té blanco. Se cosecha tres días al año y es el corte de los brotes más jóvenes. Todo un lujo por el que se pagan sumas exorbitantes.

A medida que el gusto por el té se refinó, surgieron los tea-blenders, especialistas en la búsqueda de cosechas, hacedores de mezclas. La argentina Inés Berton es una de las 11 narices renombradas del planeta, con más de 90 blends registrados bajo su marca Thealosophy. Lleva 14 de sus 35 años recorriendo el mundo en busca de aromas exquisitos y hojas destinadas a ser materia prima de lo que define: “Algo tan simple como unas hebras, un poco de agua, sensibilidad y paciencia, para refrescar los sentidos, serenar el espíritu y crear un momento”. Los blends de su marca se degustan en hoteles cinco estrellas, restaurantes y casas de té dentro y fuera del país, y está a punto de abrir su primer local en Barcelona, justo debajo de las oficinas de Ferrán Adrià. Vainilla de Madagascar, cacao de Venezuela, manzanilla egipcia, mandarinas italianas, verbenas de Francia aportan la cuota de perfume a sus tés ya que “son raras las ocasiones en que se aplican aceites naturales procedentes del laboratorio propio”, aclara.

Amateur del té, en 2001, Guillermo Casaroti se embarcó en la aventura de lograr saquitos en clave gourmet, a un precio más accesible que los importados. Los bautizó Inti Zen (por el origen latinoamericano y la inspiración oriental de las mezclas) y encargó a Ines Berton los ocho blends de la marca que hoy se encuentran en góndolas y restaurantes de Estados Unidos, Europa y América latina. Sus variedades contemplan té verde con manzanilla y naranja, té del Himalaya con dulce de leche y frutos rojos y yerba mate con jazmín. Junto con Berton, en las próximas semanas, presentarán la línea de infusiones andinas Chamana, en respuesta a la demanda de una bebida natural, libre de cafeína. 

También en los últimos años, Silvia Fernández Romay creó Misra, con el fin de difundir el té nacional (proveniente de Misiones). “Por ser de llanura, tiene la peculiaridad de adquirir una fuerza especial en sabor y aroma intensos que lo diferencian de los producidos en India y China”, afirma. “No en vano, Argentina es el noveno país entre los 40 productores de té en el mundo y el 7º entre los exportadores”, acota su marido y socio, el chef italiano Alberto Cau. La empresa -que también integran Jorge y Silvia Castro- acaba de abrir una botica de venta directa al público, en Palermo Soho.

Tres amigos de la infancia fundaron hace cinco años la empresa José, que presenta las hebras de té y hierbas orgánicos de las provincias de Córdoba, Mendoza, Chubut y Buenos Aires, dentro de delicadas bolsitas de muselina. Otro acierto que hoy se encuentra en las góndolas argentinas tanto como en las de Japón, Canadá, Australia, Europa y Dubai. La premisa rectora fue: “Lograr que las infusiones y el té se conviertan en lo que es hoy el café”, en palabras de Pablo Pinkus, Managing Director.

Según Berton, no es casual que el paladar argentino se haya volcado al consumo de té a partir de 2001. “Entre tanta crisis, la gente buscó algo vinculado con el cuidado y encontró en el té un lujo accesible”. Porque el té más caro no necesariamente es el mejor.


> Casas encantadas

Sólo para comprar:
> Camellia: Florencia Repetto importa de Alemania, China y Japón 21 blends en hebras (lata 50 g $18, puro; $22, blend; 100 g $32 y $36). Hay teteras de hierro, cerámica 
o arcilla (para té negro o rojo) y de vidrio (para té verde), cuencos, infusores.
Misra: Venta directa de hebras y saquitos de té argentino orgánico, en blends artesanales, sin agregados químicos, envasados o al peso (250 g $15; 50 g $8). Cursos y charlas sobre el té, con degustaciones.

BuddhaBA: Casa de té y galería cultural oriental. Ofrece un jardín de orquídeas para tomar té rojo de Yunman con crisantemo y semillas de trigo o jengibre; verde con aroma de jazmín; Oolong; infusiones de ginkgo biloba 
y de ginseng ($7 y $8; doble, $10). Llega en diminutas teteras de arcilla que se recargan tres veces para garantizar el sabor de las hebras recién infusionadas. 
Chez Pauline: La francesa Pauline Rosaz abrió su propia Maison de Thé porque “extrañaba los blends en hebras que solía beber en París”. Tiene 54 variedades para degustar mientras se escucha a Edith Piaf (desde $7) o para llevar en latas de 50 g ($15 a $18) o 100 g ($28 a $34). Cinco blends de la carta fueron diseñados exclusivamente para ella por Teeson sobre la base de ingredientes típicos de Francia. Tiene rooibos sudafricanos, infusiones libres de cafeína a las que se atribuyen propiedades saludables. 
Tea Connection: Fiel a la cultura del siglo 21. Sabores gourmet y saludables, diseño urbano y Wi-Fi. 
Thealosophy los provee de 26 blends. Otra especialidad de la casa: agua saborizada con pulpa natural de fruta y 0% de azúcar. También ensaladas, sandwiches, rolls y dulzuras “saludables”. Delivery en práctico packaging. 
Ten Rivers & Lakes Gourmand: Las hebras -puras y blends- son de Teeson; también hay rooibos. High Tea ($26 y $32 para dos, con dos infusiones a elección) y té-cena ($44), con tabla de productos de la Patagonia. 
Thealosophy: En la Galería Promenade. Más de 90 blends (té negro, té verde, clásico, semifermentado, ahumado, infusiones, té blanco y té rojo), teachocolates, teasyrups (almíbares hechos con té). El cliente puede combinar aromas y llevarse un blend etiquetado con su nombre.

> Sabor eterno

El café es el producto más comercializado en el mundo después del petróleo y, como el té, presenta diversas calidades y blends. La procedencia del grano deja su huella. El clima, la región y la geografía lo dotan de complejidades aromáticas diversas. Y el proceso posterior a la cosecha resulta decisivo. Dejar atrás los cafés torrados (tostados con azúcar) es el primer paso hacia un café sabroso. Y conviene conservarlo lejos de sus tres enemigos: aire, luz y humedad. 

Para disfrutar de un buen café -explicó Haroldo Darnauchans, de la Asociación Argentina de Cafés Especiales (Asacafe), “los elementos clave son: la máquina, la materia prima y la correcta preparación”.

La herencia italiana legó a los argentinos, especialmente los porteños, el hábito del expreso, producto del pasaje a presión del agua por una medida de café, que deriva en la singular bebida de sabor intenso, buena crema y aroma penetrante. 

Pero fue un chileno el que investigó el gusto argentino. Jorge García Pueyrredón se crió en una familia dedicada a la gastronomía en Santiago, trabajó para grandes compañías (The Coffee Store, entre ellas) y hace cuatro años montó Central de Café, empresa que importa granos verdes de Colombia, Brasil, Costa Rica y México. Los granos se tuestan 
en su propia planta y se distribuyen recién envasados, en pequeñas cantidades, a hoteles y restaurantes (también a algunos fanáticos del expreso que llaman a su puerta). Sus cuatro blends están dirigidos a públicos bien diferenciados y allí radica el éxito de su negocio: Buenos Aires (mezcla de Colombia, Brasil y Moka), Italiano, Anglo y Orgánico 100%. Y hay, en Buenos Aires, quien propone servir en casa el café que degusta George Clooney. 
La boutique Nespresso (hay 80 distribuidas en el mundo) vende cafeteras de diseño ultramoderno en las que se coloca una cápsula hermética con alguno de los 12 Grand Crus, blends elaborados en la planta de Nestlé en Suiza, con granos procedentes de sitios como Indonesia y Costa Rica.

Mientras el consumo del café gourmet crece, se habla del desembarco (en septiembre) de la mítica cadena de café Starbucks, híper popular en Estados Unidos ¿Logrará cautivar a los porteños, tan amigos de la mesa del café, con sus prácticos vasos “para llevar”?

 
  
 Por: Alejandra Rodriguez
 Producción: Zulma Molinaro
 Fotos: Diego González, Eduardo Giménez, Cristian Welcomme, Andrés Settepani, Ricardo Merkel y Octavio Mancini.
  Fuente : Revista Luz http://www.revista-luz.com.ar/ed_0110/nota5.html